Hace poco me topé con una nota dirigida a adolescentes donde les daban una lista de cosas por hacer antes de terminar la prepa, una de ellas era aprender a usar un condón. Como líder de jóvenes he notado la ignorancia que existe en ellos en cuanto a los temas de sexualidad. En la mayoría de los hogares y en las escuelas no se habla ampliamente sobre el tema, Lo que escuchan los jóvenes es: “si lo vas a hacer, cuídate”, “nadie puede decidir por ti como vivir tu sexualidad, solo protégete”. Desde mi punto de vista, esto es como subir a un niño en una retroexcavadora y darle un casco diciéndole, “Si vas a manejar esta retroexcavadora, al menos cuídate”.

Si bien el condón puede ser una herramienta para disminuir significativa las probabilidades de que una pareja quede embarazada o para disminuir el riesgo de enfermedades de transmisión sexual, los riesgos al que es expuesto un joven al vivir su sexualidad sin tener la madurez y el contexto para hacerlo, pueden tener consecuencias serias no solamente para él, sino para su pareja sexual y para su sociedad y un simple condón no lo va a proteger de esto.

La intimidad sexual fue algo diseñado por Dios para fusionar a una pareja dentro de un pacto matrimonial. Esta fusión ocurre no solo a nivel cuerpo sino alma y espíritu. Hablar solamente del condón como método para tener relaciones sexuales seguras es ignorar que la intimidad sexual conecta mucho más que dos órganos sexuales, conecta emociones, sentimientos, anhelos, pensamientos, conecta también nuestro espíritu y el resto de nuestro cuerpo.

El cordón dista mucho de ser perfecto en la prevención de embarazos y prevención de enfermedades de transmisión sexual:

Un panel de 28 expertos de los NIH, de los CDC de Atlanta, de la FDA y de la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos ha analizado 138 estudios sobre el empleo de los preservativos. El metaanálisis muestra un 85 por ciento de reducción en el riesgo de transmisión del VIH entre los usuarios constantes de preservativos frente a los no usuarios o usuarios inconstantes y un 49 por ciento de reducción en el riesgo de gonorrea en los hombres.

Para las otras ETS analizadas, los estudios encontraron una insuficiente precisión sobre la efectividad de los condones. Así, para el VPH no hubo evidencia de reducción en el riesgo de infección, si bien se sugiere que los preservativos proporcionan alguna reducción en el riesgo de enfermedades asociadas al VPH. “La ausencia de conclusiones definitivas refleja la inadecuación de las evidencias disponibles y no debería interpretarse como prueba de la adecuación o inadecuación del preservativo para reducir el riesgo de ETS”, dice el informe. Las ETS, incluyendo el VIH, afectan a unos 65 millones de estadounidenses.

Existen enfermedades sexuales que se transmiten por la boca o por llagas no cubiertas por el condón. Además de esto se calcula que un 2% de los condones utilizados se rompe, aunque en el caso de los adolescentes incrementa el mal uso de estos. Definitivamente usar condón es mejor que no usarlo, pero da una falsa sensación de seguridad y de prevención de cualquier consecuencia.

El costo social de los embarazos adolescentes es altísimo, no solo es la vergüenza o la interrupción de su preparación para la vida adulta, sino que en el 70% de los casos el joven padre se desentiende de su hijo (prueba de que todavía no es un hombre para tener relaciones sexuales) y deja a la madre con la responsabilidad completa. Estadísticamente un hijo que crese sin padre es mucho más propenso a tener problemas de desempeño y de comportamiento ligados a consumo de drogas, vida sexual irresponsable, problemas académicos, depresiones, crimen organizado, etc.

Pero las consecuencias de tener actividad sexual fuera de una relación comprometida como el matrimonio van mucho más allá de quedar embarazados o contagiarse de algo. Hay otras consecuencias que el condón no puede prevenir:

La intimidad sexual genera un enlace cerebral que trasciende al acto sexual y permanece por años en nosotros. Es por eso que un o una joven que han tenido relaciones sexuales son siete veces más propensos a desarrollar depresión y otros desórdenes emocionales. El dolor de ver a alguien que fue su parea sexual relacionándose íntimamente con otra persona es algo que la madurez de un adolescente (y de muchos adultos) no puede manejar.

Nuestra actividad sexual queda marcada en nuestra memoria y muchas veces regresa en forma de recuerdos en medio de nuestra relación matrimonial provocando comparaciones y convirtiéndose en un estorbo para lograr una plena intimidad en el matrimonio.

Para aquellos con un espíritu despierto en relación con Dios, la intimidad fuera del matrimonio nunca se disfruta plenamente porque atropella la conciencia puesta por Dios en nosotros, no algo que simplemente puedas apagar. Y más allá de eso, al violar nuestra conciencia estamos dándole combustible al enemigo de nuestras almas para tenernos hundidos en la culpa y destruir nuestra relación con Dios.

Todo esto explica por qué Dios colocó este manjar tan delicado como es la intimidad sexual, dentro de un envase protector, el matrimonio. Es dentro de este pacto donde la intimidad sexual puede florecer y llenar de plenitud, unidad, y si, de hijos a una pareja.

En mi opinión, antes que enseñarles a nuestros hijos a usar un condón, hay que enseñarles a usar su cerebro, a vivir por convicciones y no por emociones o deseos. A respetar al sexo opuesto. A vivir con conciencia de futuro y no solo de presente. A ser responsables de no provocar algo que no tienen la madurez para manejar, ya sea en persona o por medios electrónicos. Les enseñaría que la intimidad sexual es mucho más que dos órganos en contacto. Son dos vidas que se unen para siempre. Les enseñaría que la intimidad no comienza en la cama sino en las conversaciones emocionales. Le enseñaría que la aventura de su sexualidad es para descubrirla y vivirla con su esposo(a). A no activar la fábrica de bebes hasta que puedan cuidar, proteger y proveer a uno. Que nada vale la pena si nos va a apartar de nuestra intimidad con Dios.

Yo le enseñaría a mis hijos varones a que la única forma valida de hablar y tocar a una mujer que no es su esposa es con pureza. a no ser uno más de los que usa a una mujer para satisfacer sus deseos egoístas, a no quedar en la historia de una mujer como un hombre que las lastimó, las traicionó o peor aún, como el que fue “muy hombre” para acostarse con ella pero que no se hizo responsable de las consecuencias naturales. Yo le enseñaría a mis hijos varones a ser fieles a la que va a ser su esposa aun antes de que la conozcan. Les enseñaria a no consumir ningun contenido que denigre sexualmente a la mujer.

Yo le enseñaría a mis hijas mujeres que respeten a los hombres como a sus hermanos, que no usen su cuerpo o su mirada para despertar deseos sexuales en un hombre que no es su esposo. Que un hombre que las ama verdaderamente nos las va a presionar para tener intimidad con ellas fuera del matrimonio. Que solamente es digno de ella quien tuvo la hombría de llevarla a un altar haciendo un pacto con ella delante de Dios, renunciando al resto de las mujeres del mundo.

Nuestros hijos necesitan saber que el Plan de Dios para nuestra vida, incluyendo nuestra vida sexual es mucho mejor que el nuestro, es bueno, es agradable y es perfecto.